TIERRA DIATOMEAS

Las diatomeas son una clase de algas unicelulares organismos eucariontes compuestos de una célula con organelos internos que viven en aguas dulces y saladas. Estos organismos pertenecen al grupo de las algas porque tienen la capacidad de llevar a cabo la fotosíntesis oxigénica y constituyen uno de los más comunes tipos de fitoplancton. Si bien la mayoría de las diatomeas son unicelulares, algunas formas pueden existir como colonias en forma de filamentos o cintas (e.g. Fragillaria), abanicos (e.g. Meridion), zigzags (e.g. Tabellaria) o colonias estrelladas (e.g. Asterionella). Las diatomeas son productores dentro de la cadena alimenticia y resultan muy importantes para las redes alimentarias marinas al punto que se les suele llamar “el pasto del mar”.

¡Se conocen más de 10.000 especies de diatomeas! En una cucharadita de agua de lago puede haber un millón de estas plantas diminutas e invisibles. Las diatomeas se encuentran en todas partes, en los estanques de agua en Norteamérica se encuentra una diatomea llamada Stephanodiscus niagarae, es muy común. En el famoso lago Yellowstone, existe una diatomea única y endémica de ese lugar, Stephanodiscus yellowstonensis.

Las diatomeas poseen una característica especial y que las distingue de otros organismos microscópicos e incluso de otras algas: las diatomeas se hallan rodeadas por una pared celular única hecha de sílice opalino (dióxido de silicio hidratado) muy resistente llamada frústula y que cumple una función análoga al esqueleto de los vertebrados al proteger y dar una estructura definida y particular a estas microalgas. Estos caparazones cristalinos de las diatomeas son similares a piedras preciosas que brillan como joyas orgánicas cuando se colocan debajo de una lente microscópica.

Estas frústulas muestran una amplia variedad en su forma, pero generalmente consisten en dos partes con una división entre ellas, se debe a esta característica el nombre del grupo. La frústula presenta simetría bilateral (un sólo eje de simetría) o bien simetría radial (simetría respecto a varios ejes en el mismo plano).

El esqueleto silíceo de las diatomeas es en opinión de Richard Dawkins,
un famoso evolucionista, una estructura bella e intrincada

Cuando se observa una diatomea al microscopio, resulta muy difícil no admitir la excepcional belleza de estos organismos. En opinión de Richard Dawkins, un famoso evolucionista: “El esqueleto de las diatomeas es una estructura bella e intrincada”.

Un libro de ciencias, señala. “Las diatomeas elaboran conchas protectoras de sílice (vidrio) algunas de ellas de excepcional belleza.” La misma publicación hace referencia a “la intrincada belleza microscópica y la variedad de las paredes vítreas de las diatomeas“. (Audesirk, T.; Audesirk, G. Byers, B. (2008) Biología, la vida en la tierra, pág. 392-393. Octava Edición) Frente a esto, cabe preguntar: ¿Por qué las diatomeas son bellas?

En un apartado que habla de las diatomeas se dice: “En todos los océanos de la Tierra proliferan las diatomeas, algas microscópicas que viven en su propio caparazón cristalino de intrincados y exquisitos diseños. Han cautivado a los científicos durante siglos, en realidad, desde que se inventó el microscopio y se consiguió plasmar en dibujos su belleza. Con buena razón se las ha llamado la joya del mar.”

Para los griegos antiguos la belleza era un concepto íntimamente relacionado con la simetría y la proporción. Esta idea de la belleza como sinónimo de la simetría está presente aún hasta nuestros días de manera más o menos presente en nuestros estándares estéticos. Las diatomeas, en este sentido, son una de las expresiones más evidentes de belleza natural.

El concepto de simetría refleja una correspondencia de posición, forma y tamaño, respecto a un punto, una línea o un plano, de los elementos de un conjunto o de dos o más conjuntos de elementos entre sí. Cuando hablamos de correspondencia de posición, de forma y tamaño, respecto de un punto, apelamos al sentido de la observación. Cuando hablamos de correspondencia en una línea de un plano, de los elementos de un conjunto o más conjuntos entre sí, hablamos de orientación espacial y geométrica. Ante todo esto, cabe preguntar: ¿es la organización estructural de las diatomeas resultado del azar?

El diseño de las diatomeas impresiona por su simetría y belleza.

Más allá de la singular belleza de las diatomeas, que es la razón principal por la que estos organismos cuentan tantos adeptos, se conocen diversas aplicaciones de uso de estos organismos, lo cual los dota de cierto valor, sobre todo cuando se trata de depósitos de diatomeas fósiles, en que la roca que las contiene está constituida, casi completamente por los carpachos silíceos de estas algas.

Desde tiempos muy antiguos se utilizan derivados de las diatomeas para pulir y bruñir metales, así como también cristales y piedras cuya dureza no exceda la dureza del sílice que compone el carpacho de estos organismos. También en el pasado se usaban restos de diatomeas como complemento en pastas dentríficas, por su efecto abrasivo o bien en lugares apartados como jabón mineral, asociado también al efecto abrasivo de sus caparazones síliceos.

Las diatomeas evidencian diseño en su delicada estructura

La simetría (del griego σύν “con” y μέτρον “medida”) es un rasgo que está relacionado con formas geométricas, sistemas, ecuaciones y otros objetos materiales, o entidades abstractas. En condiciones formales, un objeto puede llegar a ser simétrico en sí mismo o con algún otro como resultado de un cálculo u operación matemática que obra en su diseño original o transformación, resultando en un objeto armónicamente simétrico respecto de sí mismo o bien indistinguible en su aspecto del objeto original. Interesantemente, la simetría también se encuentra en organismos vivos, como las diatomeas.

La simetría en biología es la equilibrada distribución en el cuerpo de los organismos de aquellas partes que aparecen duplicadas. Los planes corporales de la mayoría de organismos pluricelulares exhiben alguna forma de simetría, bien sea simetría radial o simetría bilateral.

En biología, las diatomeas son consideradas como indicadores naturales de la calidad del agua, ya que son muy sensibles a cambios de pH (acidez), salinidad, minerales y nutrientes en sus ambientes acuáticos.

Por otra parte, el caparazón de sílice que producen las diatomeas tiene usos potenciales como bioinsecticida y coadyuvante en los procesos de fertilización del suelo, pues la sílice produce heridas en el exoesqueleto de los insectos, controlando así la población de plagas, y ayuda a contrarrestrar la lixiviación o “filtración” de minerales como el nitrógeno, el fósforo y el potasio.

Observar el diseño y belleza de una diatomea nos hace reflexionar en la obra de un Dios Hacedor de todas las cosas.

¿Qué ocurriría si desapareciesen las diatomeas? Disminuiría la produccion de oxigeno en todo el mundo, ademas se alterarian las redes tróficas, llegando a la extincion de muchas especies, ya que los organismos fotosinteticos del agua son los productores primarios en esos ecosistemas. ¿Y qué es lo que hacen las diatomeas mientras que entretienen a Dios con su belleza microscópica? ¡Están haciendo toneladas y toneladas de oxígeno para que los seres vivos en el agua puedan respirar!

¿Puede la naturaleza llevarnos a Dios? Se mostró a un obrero una diatomea a través de la lente de un microscopio. El obrero, que no había visto jamas un organismo microscópico tan hermoso, sintió una profunda impresión y su mente se dirigió a Dios. La misma diatomea es vista por un científico y seguramente, el hablará de las propiedades biológicas del organismo y reflexionará sobre las capacidades de los seres vivos. ¿Cuál de los dos está viendo la realidad? ¿El obrero o el científico? Ambos. Existen distintas formas de observar la naturaleza. La persona que cree en Dios observa el mundo natural y le llama la atención el misterio de la existencia, la perfección y belleza de las cosas. El científico en cambio, busca averiguar el cómo y por qué de los fenómenos naturales, explicaciones de lo que ocurre en el entorno que le rodea y cómo modificar el curso espontáneo de los acontecimientos. Sin embargo, es claro que la observación del mundo natural sin el prejuicio del paradigma evolucionista invariablemente nos llevará a preguntarnos quién hizo estas cosas.

En una ocasión una profesora de ciencias, preguntó a una persona por qué creía en Dios y enseguida afirmó que ella no lograba concebir a Dios en el mundo natural. El creyente preguntó a la profesora si alguna vez, durante sus estudios en la universidad o en su trabajo diario había tenido la posibilidad de observar las diatomeas al microscopio. La profesora de ciencias contestó afirmativamente. Entonces la persona creyente le preguntó si había reparado en la belleza de las diatomeas, en su perfección y simetría. Y ella contestó que sí, pero que nunca había asociado eso con Dios, reconociendo enseguida que el diseño y arquitectura de estas algas microscópicas podía en verdad ser un indicador de diseño si se considera las diversas y numerosas formas geométricas, así como la hermosa simetría de las diatomeas. Ese día y durante esa conversación, que fue en el año 2005, esa profesora reconoció que su incredulidad se debía más a la poca intención de conocer a Dios que a la falta de evidencia de su existencia en el mundo natural. Una vez más triunfaron las diatomeas.

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.