LA MUERTE DEL HIJO DE DIOS EN LA CRUZ Y LA CENA

Por ocasión de la muerte de Cristo se rasgó en el Templo la cortina que
separaba el Santísimo de la humanidad.

…….Tal acontecimiento es tomado en cuenta como símbolo de que, con la muerte por sacrificio del Salvador, cesaba en el mismo instante la separación existente entre la
humanidad y la divinidad, es decir, fue criada una ligazón directa.

…….Tal interpretación, sin embargo, es errada. ¡Con la crucifixión
rechazaron las criaturas humanas el Hijo de Dios como el Mesías esperado, con lo que la
separación se ha tornado mayor! Se rasgó la cortina porque, consecuentemente, no había más
necesidad del Santísimo. Quedó expuesto a la vista y a las corrientes impuras, una vez
que, simbólicamente expreso, el divinal después de ese hecho no puso más su pie sobre
la Tierra, con lo que se tornó superfluo el Santísimo. Por lo tanto, exactamente el
contrario de las interpretaciones de hasta ahora, en las cuales, nuevamente, como tantas
veces, solamente se evidencia la gran presunción del espíritu humano.

…….La muerte en la cruz tampoco fue un sacrificio necesario, sino uno asesinato, uno
verdadero crimen. Cualquier otra explicación constituye una evasiva, que debe valer
como excusa o que surgió por ignorancia. Cristo no bajó a la Tierra absolutamente con
la intención de dejarse crucificar. ¡En eso tampoco reside la redención! Cristo fue
crucificado, sin embargo, como un incomodo portador de la Verdad, a causa de sus enseñanzas.

¡No fue su muerte en la cruz que podía y debía traer la redención, sino la Verdad, que dio a la humanidad en sus palabras!

…….La Verdad, sin embargo, era incomoda a los entonces dirigentes de religiones y de templos, una molestia, visto temblarles fuertemente su influencia. Exactamente
conforme también hoy, nuevamente, pasaría en tantos lugares. Con relación a eso, la humanidad no ha cambiado. Los dirigentes de antaño se apoyaban, así como los de hoy, en antiguas y buenas tradiciones, pero éstas se habían tornado, a causa de los
practicantes y aclaradores, mera forma rígida, vacía, sin más ser viva en si. Idéntico cuadro al que hoy nuevamente se presenta de modo frecuente.

…….Pero aquél que quería traer esa vida necesaria hacia dentro de la Palabra existente,
trajo con eso naturalmente una revolución en la practica y en la explicación, no en la
propia Palabra. Él libertó el pueblo de la rigidez y vacuidad opresoras, lo salvó de eso, y
eso fue naturalmente una grande molestia para aquellos, que pudieron reconocer pronto
cuan enérgicamente ha sido interferido así en las riendas de su errada conducción.

…….Por eso el portador de la Verdad y libertador del fardo de las interpretaciones
erróneas hubo que sufrir sospecha y persecución. Cuando no se logró, a pesar de todos
los esfuerzos, hacerlo ridículo, se trató de presentarlo como inverosímil. ¡Para tanto,debía servir el “pasado terreno”, como hijo de carpintero, para tacharlo de “inculto y por
eso incapaz para una elucidación!” De un “laico”. Tal como pasa también hoy en
relación a cada uno que enfrenta dogmas rígidos, los cuales sofocan ya en el germen
todo el esfuerzo ascendente, libre y vivo. Por precaución, ninguno de los adversarios se
profundizó en sus aclaraciones, pues muy acertadamente sentían que ante una replica
puramente objetiva deberían ser derrotados. Se atuvieron, pues, en la difamación vil,
ante sus instrumentos venales, a punto de no temer, por último, en momento para ellos
propicio, acusarlo publica y falsamente y llevarlo a la cruz, a fin de alejar junto a él la
amenaza a su poderío y prestigio.

…….Esa muerte violenta, antaño comúnmente practicada por los romanos, no constituyó
en si la redención y tampoco la trajo. ¡No redimió ninguna culpa de la humanidad, no la
libertó de cosa alguna, sino solamente sobrecargó aún más la humanidad, por ser un
asesinato de la más baja especie!

…….Si de eso entonces, hasta los días actuales, aquí y allá se desarrolló un culto, de ver
en ese asesinato un hecho esencial necesario de la obra de redención del Hijo de Dios,
entonces el ser humano queda con eso alejado justamente de lo que es más precioso, de
aquello que única y exclusivamente puede traer la redención. Lo desvía de la verdadera
misión del Salvador, de aquello que tornó necesaria su venida del divinal hacia la
Tierra. ¡Sin embargo, eso no pasó para sufrir la muerte en la cruz, pero si, para
anunciar la Verdad en el amontonado de la rigidez dogmática y de la vacuidad, que
arrastran el espíritu humano hacia bajo! Fue para describir las cosas entre Dios, la
Creación y el ser humano de tal forma como realmente son. De esa forma, todo cuanto
el limitado espíritu humano había engendrado a tal respeto, y que encubría la realidad,
tenia que caer por sí sin fuerza. Solamente entonces el ser humano pudo ver claramente
ante si el camino que lo conduce hacia arriba.

,,,,,,,¡Solamente en el traer esa Verdad y en la liberación de errores conectada a eso
reside única y exclusivamente la redención!

…….Es la redención de la visión turbia, de la creencia ciega. La palabra “ciega” ya
caracteriza suficientemente la condición errada.

…….La Cena antes de su muerte fue una Cena de despedida. Cuando Cristo dijo:
“Tomad, comed, este es mi cuerpo. Bebed todos de esto, esta es mi sangre del nuevo
testamento, que será derramada para muchos, para el perdón de los pecados”, declaraba
con eso que estaba dispuesto incluso a aceptar esa muerte en la cruz, solamente para
tener la oportunidad de transmitir a la humanidad perdida la Verdad en sus
aclaramientos, que indica, única y exclusivamente, el camino para el perdón de los
pecados.

…….¡Él dice también, textualmente: “para el perdón de muchos”, y no acaso “para el
perdón de todos! Por consiguiente, solamente para aquellos que se interesasen por sus
explicaciones y de ellas sacasen lecciones vivas

…….Su cuerpo destruido por la muerte en la cruz y su sangre derramada deben contribuir
para que se reconozca la necesidad y la seriedad de los aclaramientos traídos por él.
¡Esa urgencia solamente debe ser subrayada por la repetición de la Cena y en la Cena!

…….Que el Hijo de Dios no haya retrocedido ni mismo delante de una tal hostilidad de
la humanidad, cuya probabilidad ya hubiera sido reconocida de antemano, antes de su
venida, *(Disertación Nro. 48: Fenómeno universales) debía indicar especialmente para
la situación desesperada del espíritu humano, que solamente podría ser arrancado de la
ruina por el agarrarse a la cuerda de salvación de la Verdad sin disfraz.

…….¡La referencia del Hijo de Dios, durante la Cena, a su muerte en la cruz es
solamente una ultima y expresa indicación sobre la necesidad urgente de sus
enseñanzas, las cuales él ha venido traer!

…….¡Al tomar la Cena, pues, cada persona debe darse cuenta siempre de nuevo de que el
propio Hijo de Dios no temió la presuposición de una muerte en la cruz, causada por la
humanidad, y que dio cuerpo y sangre a fin de posibilitar a la humanidad el
recibimiento de la descripción del real fenómeno en el Universo, que muestra
nítidamente los efectos de las leyes inmutables de la Creación que traen en si la
voluntad divina! Con ese reconocimiento de la severidad amarga, que acentúa la
necesidad urgente del mensaje para la salvación, debe renacer constantemente en las
criaturas humanas nueva fuerza, nuevo impulso para realmente vivir según las claras
enseñanzas de Cristo, a fin de no solo comprenderlas bien, sino también actuar en todo
en acuerdo con ellas. ¡Con eso obtendrán también perdón de sus pecados y redención!
No diferentemente. Tampoco directamente. Pero los encontrarán impreteriblemente en
el camino que Cristo muestra en su mensaje.

…….Por esa razón debe la Cena siempre de nuevo vivificar el acontecimiento, a fin de
que no se debilite el único esmero salvador para el cumplimiento de las enseñanzas
traídas con tamaño sacrificio; pues por la indiferencia que se inicia o por las formas
meramente externas, las criaturas humanas pierden esa cuerda de salvación y vuelven a
caer en los tentáculos de los errores y de la destrucción.

…….Es un gran error las criaturas humanas creer que por la muerte en la cruz esté
garantizado el perdón de sus pecados. Ese pensamiento resulta el terrible daño de que
todos aquellos que en eso creen serán por eso retenidos del verdadero camino hacia la
redención, que reside, única y exclusivamente, en el hecho de vivir de acuerdo con las
palabras del Salvador, de acuerdo con las explicaciones que él dio, como conocedor y
por abarcar todo con la visión. Y esas explicaciones muestran, en cuadros prácticos, el
necesario cumplimiento y observancia de la voluntad divina, que se encuentra en las
leyes de la Creación, así como sus efectos, en la observancia y en la inobservancia.
Su obra redentora consistió en traer esa explicación, que debía mostrar las faltas y
los daños de la práctica religiosa, pues ella trajo en si la Verdad, a fin de iluminar la
oscuridad creciente del espíritu humano. No consistió en la muerte en la cruz, tampoco
que la Cena o la hostia consagrada pueden ofrecer perdón de los pecados. ¡Ese
pensamiento es contra cada ley divina! Con eso cae también el poder de los seres
humanos de perdonar pecados. Una persona solamente tiene el derecho y también el poder de perdonar lo que le ha sido hecho por otra personalmente, e incluso entonces
sólo cuando su corazón, sin ser influenciado, a eso impele.

…….¡Quién reflexione seriamente reconocerá también la Verdad y, así, el camino
verdadero! Los que tienen pereza de pensar y los indolentes que no conserven
continuamente preparada, con todo cuidado y atención, la lamparilla a ellos confiada
por el Criador, es decir, la facultad de examinar y dilucidar, pueden perder fácilmente la
hora, cuando la “Palabra de la Verdad” llegar a ellos, como las tolas vírgenes de la
parábola. Una vez que se dejaron dormirse en cansado comodísimo y creencia ciega, no
serán capaces de reconocer, por su indolencia, el portador de la Verdad o novio. Tienen
que quedar hacia tras, cuando los vigilantes entren en el reino de la alegría.

  • Traducción:- Michael Wirz-
Publicado en: LUZ

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