LA DIGESTIÓN

La capacidad del intestino de separar los componentes de los alimentos y asimilarlos es fundamentalmente una cuestión de la relación de reciprocidad entre los distintos microorganismos. En el intestino están presentes millones de bacterias, y para que pueda funcionar de la mejor forma posible,

es necesario que estas bacterias tengan una relación de reciprocidad equilibrada.

Hoy en día se conocen aproximadamente el 1% de todos los microorganismos, y los conocimientos de la ciencia sobre las diferentes relaciones simbióticas en el interior del cuerpo humano se encuentra en una fase similar: hace tiempo que se sabe que las bacterias lácticas pueden ayudar a crear una flora intestinal saludable.

Hoy sabemos también que esto está relacionado con un aumento de la producción de ciertas vitaminas B que se originan cuando están presentes las suficientes bacterias lácticas. Pero hay muchos secretos del intestino que esperan todavía a ser descubiertos: según investigaciones recientes, en los intestinos gruesos y delgado se producen tantas hormonas como en las glándulas endocrinas del cerebro.

Hay muchas personas que consideran el intestino un simple canal de paso; esta creencia es un error de graves consecuencias.

Algunos de los motivos por los que se producen desequilibrios de la flora intestinal son los siguientes:

Malos hábitos al comer: a menudo no se mastican lo suficiente los alimentos.

Una alimentación pobre en sustancias vitales, motivada por ejemplo por abonos minerales.

Consumo de agua contaminada (pesticidas, residuos de medicamentos, plomo, óxido, etc.)

Consumo excesivo de azúcar, café, nicotina, alcohol, medicamentos, etc.

Falta de ejercicio físico. También el estrés a distintos niveles, ya sea corporal, emocional o mental, que suele conllevar irregularidades en los hábitos alimentarios.

Todos estos factores reducen la capacidad de funcionamiento del intestino, lo que se manifiesta a través de los síntomas más habituales (congestión, diarrea, flatulencia, dolor abdominal) o de síntomas mucho más graves como inflamaciones, hemorragias o cáncer de intestino. La constitución corporal es la que determina cuánto tardan en aparecer los síntomas.

En el intestino se obtienen los componentes de los alimentos para transportarlos a la sangre y a las vías linfáticas a través de las paredes de las paredes intestinales, de forma que puedan llegar a las distintas células. Si se acumulan sustancias de desecho en el estómago, serán reabsorbidas por la circulación.

Con un sistema inmunológico que cumpla correctamente su función, el cuerpo humano queda liberado de estas sustancias no deseadas;

pero el sistema inmunológico a su vez depende de que el intestino y el metabolismo celular funcionen correctamente.

Así pues, la salud está estrechamente relacionada con el intestino y la función que regula.

 

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