LA CULPA DEL GÓLGOTA / LA CRUCIFICACIÓN

Cuando Pilato en el interrogatorio pregunto: “¿Sigues siendo un rey? Respondió Jesus: “Tú lo dices, yo soy un Rey. Yo he nacido por ello y venido al mundo, y debo testificar para la verdad. Quien es de la Verdad ese escucha mi voz.” Entonces Pilatos pregunto: “Que es verdad?” (Juan 18,37 y 38) Esta pregunta no es contestada en los cuatro Evangelios del Nuevo Testamento. Pero nosotros leemos la respuesta en el Evangelio de Nicodemus (III,2) : “Jesús respondió: «La verdad es del cielo». Y pregunto Pilato: “¿No hay en la tierra una Verdad?” Entonces Jesús respondió a Pilato: “Tu no ves, como los cuales que dicen la Verdad están juzgando por los gobernantes terrenales.” Fue una consecuencia inevitable que Jesús, quién vino de la Verdad, en su actuar terrenal tenía que revelar los enemigos inevitablemente, que se buscarían principalmente en el sacerdocio gobernante con el Sumo Sacerdote Kaiphas en la cima. No aceptarían que Jesús cumpliera la Ley Mosaica con un nuevo espíritu y consiguió cada vez más influencia al pueblo. Esto amenazaba su poder y prestigio. La desconfianza y el desprecio, que presentaron al portador de la verdad, se transformó en poco tiempo en abierta hostilidad y odio mortal. Después de que ellos querían presentarle en principio mediante preguntas tortuosas y sutiles y de poco crédito, exigieron pronto su destrucción terrenal. Kaiphas hablo con las palabras: “A nosotros nos está mejor, que un humano muere para el pueblo, de que se deteriore todo el pueblo“ (Juan 11,50), esa fue la sentencia de muerte sobre Jesús. Porque «desde ese día en adelante aconsejaron cómo lo matan» (Juan 11,53). Sólo había una razón legal para encontrar, lo que pronto se ofreció. Judas, por su traición, facilitó la captura prevista de Jesús. Cuando se confesó ante el Concilio como el Hijo de Dios, lo condenaron a muerte según la letra de su ley, como una blasfemia. Ellos le entregaron a el entonces nombrado gobernante (Procurador) la ocupación romana a la potencia ocupante Poncio Pilato, puesto que no se les permitía a ellos mismos a ejecutar ninguna sentencia de muerte. (Juan. 18,31).

……. Sin embargo, el Consejo Superior podía no usar aquí su propio juicio, de que Jesus es un blasfemador, porque no les daba importancia a sus disputas religiosas. Ellos por eso tenían que seguir con el proceso en nivel político para forzar una condena bajo el derecho romano, que, entre otras cosas dice, que los crímenes contra el emperador eran castigados con la muerte. Así que Jesús fue puesto contra Pilato como alborotador, quién estaba en rebelión contra el emperador, aunque era bien conocido para ellos, que justamente Jesus enseño: “Dar al emperador, lo que es del emperador, y a Dios, lo que es de Dios.” (Luk. 20,25)

……. Pilato no encontró culpa en Jesús, ya que le había contestado, “Mi Reino no es de este mundo.” (Juan 18,36) Pensó que era inofensivo e intentó varias veces, a liberarlo. Pero los líderes de los judíos amenazaron: “Si dejas a ese libre, así no eres el amigo del emperador; Porque el que se hace rey, ese está en contra del emperador.” (Juan 19,12) Eso fue la decisión, porque él no quería perder la amistad con el emperador. Con ello él jugó toda su carrera, porque “Amigo del Emperador” fue título honorífico, y la pérdida contrajo serias consecuencias.

……. Pilato entregó las amenazas, aunque su esposa le había advertido en el último minuto: “No tengas nada que ver con este hombre justo; “Hoy he sufrido mucho en el sueño a causa de él «. (Math. 27,19) Entonces condenó a Jesús a la muerte en la cruz, y lavó sus manos delante del pueblo, para demostrar, que el a Jesus no lo veía culpable. A sus palabras “Yo soy inocente en la sangre de este justo” Gritaron la multitud con sus guías ciegos en contra: “Su sangre venga sobre nosotros sobre nuestros niños”, Una terrible auto-condena, con la cual hasta las vinientes generaciones fueron maldecidas. (Math. 27, 24 y 25).

……. Así se transformó la «Hosanna», que la multitud aclamo a Jesús cuando entró en Jerusalén, poco tiempo más tarde en insultos, burlas y finalmente en la demanda: “Que le Crucifiquen!” ¡Quién del malhechor habrá sospechado entonces, que cuatro décadas más tarde Jerusalén con su templo mediante el comandante romano Tites sería completamente destruido! Según transmisión en ello miles de judíos han sido crucificados.

……. Cuando Jesús vio la ciudad en su última caminata a Jerusalén, según el Evangelio de Lucas, él habló de su destrucción: “Y (tus enemigos) te molestarán y no dejarán ninguna piedra encima de otra, Por lo que no reconociste el tiempo, en la cual estas llamado” (luk. 19,44) quiere decir, el tiempo cuando Él Hijo de Dios se demoraba en tus muros.

Autor : Herbert Vollman                                                                           

Traducción: Michael Wirz

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Publicado en: LUZ

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