EL DÉFICIT DE BACTERIAS NOS HACE ENFERMAR

Nuestra sociedad sufre una carencia colectiva de bacterias que, más o menos todos y cada uno de nosotros también padecemos. La falta de diversidad microbiana conlleva una disminución de la capacidad de adaptación a estímulos del exterior, incluida la alimentación.

1). Un microbioma multifacético dispone de equipos bacterianos activos capaces de lidiar con cada situación y, en caso de emergencias, puede movilizar sustitutos. Cuando estos faltan, sin embargo, el margen de acción se reduce, lo cual se manifiesta en el cuerpo en forma de molestias, crecientes, como estreñimiento o diarrea, inflamaciones, `problemas articulares, dolores, sobrepeso o síntomas psíquicos. Nuestra salud depende integradamente de las bacterias.

Po ejemplo, la daidzeína, una colorante vegetal de la clase los flavonoides presentes en los productos de soja, puede ser transformada en compuestos que poseen o no poseen actividad hormonal estrogénica, dependiendo de la actividad bacteriana intestinal. La falta de este efecto hormonal se ha asociado, a su vez, con un aumento del riesgo de padecer cáncer de mama.

La creencia de diversidad bacteriana puede ir acompañada de una disminución de la cantidad de bacterias, pero esto no es prescriptivo. Es posible que haya una mayor masa de las especies que quedan, de modo que la cantidad de las especies que quedan, de modo que la cantidad total perezca suficiente, a pesar de que la colonización sea, de hecho, incorrecta.

2). La reducción de la diversidad bacteriana provoca una disminución de la vitalidad. El cuerpo pierde capacidad de relación con el entorno y las fluctuaciones de las condiciones ambientales tolerables para el organismo quedan limitadas por márgenes más estrechos. En cuanto estos se sobrepasan, bien sea en el ámbito de la alimentación, del aire que respiramos o en cualquier otro aspecto, el cuerpo reacciona de modo excesivo o deficiente y enferma. La disminución de la diversidad de especies en el microbioma humano, en el de los animales, las plantas, el suelo y el agua muestra un paralelismo rotundo con la extinción de especies de animales y plantas a nivel global.

3). En muchas partes del mundo en los últimos 10 años, el numero de insectos voladoras se han reducidos en algunas zonas hasta un 84%, a causa de tóxicos medioambientales. Y, por si fuera poco, la extinción de cada especie conlleva la desaparición de sus bacterias asociadas.

4). Así como la nueva disminución del número de especies de bacterias a nuestro alrededor supone la perdida de aquellas cualidades humanas que estaban en resonancia con ellas, incluidas cualidades espirituales, la desaparición de especies del microbioma supone la perdida de capacidades corporales. Y estas son esenciales para el desarrollo autónomo de la vida individual.

5). La diversidad bacteriana en el organismo presente, a su vez innumerables estímulos al sistema inmune. Podríamos comprobarlo con un musico virtuoso, que dispone del teclado completo de un piano, es capaz de interpretar una pieza virtuosa de Chopin, pero si el instrumento solo tiene algunas teclas en el centro, tocara una melodía simplona. La persona que dispone de un teclado completo de bacterias puede vivir en este mundo con mucha más libertad, porque cualquier situación que se presente ante ella será fácilmente traducida a su individualidad y, consiguientemente, podrá confiar en su capacidad de regulación.

6). Una condición necesaria para preservar la multiplicidad microbiana en el ser humano es una alimentación variada que, por supuesto, debe incluir las bacterias correspondientes. Esto falta en los países industrializados. Desde hace tiempo, sabemos que el estilo de vida occidental hace enfermar a las personas; también sabemos que muchas enfermedades de la civilización, como las enfermedades cardiovasculares, la diabetes, las enfermedades intestinales cónicas, jaquecas, asma y muchas otras patologías, son totalmente desconocidas en culturas que viven en contactos con la naturaleza.

 A pesar de haber buscado los parámetros mas diversos en busca de una explicación, no se encuentra ninguna causa. Ahora sabemos que esta radica en estados carenciales del microbioma relacionados con un déficit de bacterias en el ser humano. Pero, como ya explicado, no se trata solo de la falta de cepas bacterianas aisladas que se pueden administrar a modo de sustancias, como muchos creen hoy día, sino de un sistema microbiana deficitario en su integridad.

Además del uso de productos y medidas antibióticos, muchos otros factores contribuyen a caer esta situación: alimentos industriales pobres en bio-fotones, productos azucarados y repletos de aditivos químicos, pesticidas, emanaciones y micropartículas tóxicos de materiales plásticos, metales pesados procedentes de maquinaria y gases residuales, estilo de vida ajetreado, falta de ejercicio físico, perdida de ritmos vitales y otras causas.

7). El uso de aparatos, cosméticos y productos de limpieza destruye la flora bacteriana natural y favorece la multiplicación de bacterias sin educar e inadecuadas para los procesos fisiológicos del cuerpo. Las personas que hacen uso de este tipo de productos en la vida cotidiana no deberían sorprenderse de no atraer bacterias ordinarias sino, más bien, cepas resistentes o incluso un exceso de virus, cuya desmedida puede causar enfermedad. Al mismo tiempo, un trato irreflexivo con la vida, como el uso de aparatos digitales durante la comida o una dieta deficitaria, contribuye a la penetración excesiva de microbios ajenos inapropiados.

El aire acondicionado, la ropa de fibras sintéticas, materiales industriales en las viviendas y la contaminación electromagnética agravan aún más el desequilibrio. Cuando la comida se calienta en el microondas, en uno o dos minutos, hasta 99% de las pocas bacterias que llevaba el alimento habría sido aniquiladas. Por todos estos motivos las posibilidades de enfrentar a causa de un síndrome por déficit en el microbioma son limitadas.

8). Idealmente, toda alimentación sana debería contener bacterias. Desde que, en el año 1804, el pastelero francés Nicolas Appert (1749-1841) invento la conservación de alimentos mediante calentamiento, las conservas sin bacterias han sustituido a los alimentos fermentados. Pero incluso para quienes se alimentan, en cierta medida, de manera consciente, la comida de hoy día contiene menos bacterias que la del siglo pasado. La leche con que se elaboraba antes un buen queso francés de leche curado, como el Camembert, contenía hasta un millón de bacterias por mililitro; actualmente, la leche cruda contiene unos pocos miles de ellas, lo cual no solo causa una perdida de aroma en el queso, sino tambien una deficiencia bacteriana en quienes lo consumen. En el caso de los quesos industriales fabricados con leches uperizados a altas temperaturas la deficiencia es aún más grave.

No obstante, no solo carecemos de cantidad y diversidad bacterianas y, consiguientemente, de nutrientes, vitaminas y oligoelementos, sino también y a consecuencia de ello, vivimos en un déficit de acuerdo interior. Aunque este aspecto no pueda ser investigado en su conjunto de manera experimental, si se deja entrever en el hecho de que un aporte terapéutico de bacterias sea capaz de resolver bloqueos en el organismo enfermo y recuperar la función sana en los tejidos.

9). El orden o acuerdo en el organismo requiere la actividad de las bacterias, del sistema inmune y de las células del tejido, siendo esta actividad dependiendo del nivel de energía del individuo que, a su vez, depende de la alimentación. Y el cuerpo solo puede procesar debidamente los alimentos cuando actividad bacteriana en su intestino le permite realizar una digestión meticulosa de los mismos. Es decir: la deficiencia bacteriana genera un circulo vicioso que nos conduce paulatinamente a estados patológicos, siempre y cuando no se restaure la integridad del microbioma.

EX Libris de doctora Anne Katharina Zschocke

Nuestras AMIGAS las Bacterias

 

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