EL CARISMA DEL HUMANO

El humano abandona como germen espiritual inconsciente el paraíso de los humanos, el Reino Espiritual, para que durante su caminata en los niveles/esferas de la creación situados debajo del paraíso. tomar conciencia, de desarrollarse a ser consciente de sí mismo.

Después de abandonar el Paraíso, de “ser expulsado”, él recibe en la primera esfera de otro tipo acamado un envoltorio, para “cubrir su desnudez”. Así lego continua. En cada esfera, con la cual él en su camino hacia abajo entra en contacto, recibe él de la misma materialidad similar de esa esfera otro envoltorio.

Si el ahora llega a la frontera de la materialidad más grosera de la tierra, entonces él ya lleva envoltorios de lo esencial y de las esferas de la materialidad más fina y llama en esta Estado “ALMA”, con el espíritu como núcleo. Mediante sus envoltorios él tiene conexión con esas esferas, con en las cuales él se ha detenido.

Es posible que pueda comparar aproximadamente esta envoltura con un hombre terrestre, que camina desde la zona caliente en el sur a la zona fría en el norte. Como más que va al norte, como más o como más denso se convierten los envoltorios, que tiene que ponerse en su cuerpo desnudo, para protegerse de influencias externas y para mantenerse movible.

Tampoco es diferente en los grandes eventos mundiales. Desde el Reino Espiritual hacia abajo el enfriamiento se hace cada vez más grande y la envoltura más densa.

Antes de que el humano ahora pueda operar completamente en la tierra, él necesita como última cubierta un envoltorio similar a la materialidad de la tierra, el cuerpo terrenal.

Uno puede imaginarse que los diversos envoltorios están anidados, como en una cebolla.

Hoy, con el conocimiento del átomo, estamos en una mejor posición para, de imaginarnos, que los envoltorios, las cuales el espíritu humano permaneciente en la tierra conlleva con él, las de diferentes esferas entre el Reino espiritual y el área terrenal, emite rayos, como también el núcleo de estos envoltorios, el espíritu humano. Ya existen instrumentos, que indican, que el humano tiene radiaciones, las cuales cada vez se cambian.

En el humano terrenal, estas radiaciones de las envolturas más finas junto con las radiaciones del cuerpo de tierra forman una mezcla que produce un halo coloreado, en parte aura, en parte od, el “fluido” que rodea al humano. Con esta corona de radiación, él determina la fuerza de onda para las vibraciones, las que él alza del sistema de radiación cósmica.

La mezcla de radiación siempre tiene que estar harmónica, para que el espíritu del humano en la materialidad puede desarrollar completamente.

La imaginación de un aura humano, respectivamente radiación tiene milenios de edad, y clarividentes podían observarlas en todos los tiempos.

Ella también viene a la expresión en el idioma, cuanto por ejemplo se dice; “su completo ser emite calma y alegría”.

El carisma humano se transfiere a las que el humano lleva con él, o al escribir en documentos como en fotografías, lo que es conocido siendo evaluado en diversos campos.

En cuanto a la enfermedad se cambia el carisma. Las personas predispuestas medialmente son capaces de reconocer en la corona de radiación ese horno/cocina de la enfermedad escondido, el cual primero ha ocasionado la enfermedad terrenal visible.

El saber de la radiación/carisma del humano terrenal también pertenece a la imagen del humano, Eso será destinado para el nuevo tiempo.

En muchos casos de una evaluación, a quien tiene la capacitad de una mirada más profunda, el aura indicará el estado emocional real. En ello ya no es posible un fraude.

Finalmente, esa irradiación/carisma también es determinante para el Juicio del mundo. Porque en ello vienen las obras del humano, a saber, su pensar, su sentir y actuar a la expresión.

Publicado en: LUZ

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