BACTERIAS Y ALIMENTACIÓN PARA BÉBES

Alimentación para bebés

La alimentación y el microbioma están entrelazados tan inseparables como el microbioma y el resto del cuerpo. Por lo tanto, cada persona conforma, mediante su dieta, las características de su comunidad bacteriana y, con ello, su grado de bienestar. Esto ya comienza antes del nacimiento.
Durante el embarazo, el microbioma de la madre se va transformando con las fases de crecimiento del embrión, para garantizarle el mejor suministro posible. Aproximadamente un mes después del nacimiento se establece ella el microbioma propio del adulto. El del niño desarrolla su actividad dependiendo de la alimentación que reciba.

La leche materna es ideal para eso, ya que, además de los nutrientes necesarios, posee a la vez las bacterias para su digestión. Se han encontrado cientos de especies diferentes en ella y la mayor diversidad se encuentra en la leche inicial, el calostro, motivo por el cual, el calostro también se considera un remedio curativo. Su composición bacteriana depende incluso del desarrollo del parto: aunque no muestra apenas diferencias cuando el bebé ha nacido de parto natural o por cesárea medicamente imprescindible, en el caso de una cesárea programada, por el contrario, el microbioma del calostro se desvía de la composición normal en perjuicio del niño, incluso aunque la cantidad de bacterias en la leche sea la misma. Se cree que la razón de esto es que las vías de transporte de las bacterias en la madre se alteran en estas circunstancias.

Para que las bacterias prosperen bien en el intestino del bebé, la leche materna contiene también los nutrientes adecuados para los microbios, es decir su fibra, concretamente los oligosacáridos de la leche humana hechos a medida para el recién nacido, así, desde el primer sorbo de vida, la alimentación sana ofrece tres cosas; en primer lugar, bacterias vivas; en segundo lugar, nutrientes para el abastecimiento directo de las células de los tejidos que, para ello, deben ser minuciosamente digeridos por las bacterias; y en tercer lugar, nutrientes indirectos, las fibras, que alimentan primariamente al microbioma, pero son transformados en productos metabólicos que benefician indirectamente al cuerpo. Para el resto de la vida, la alimentación solo será saludable cuando contengan estos tres ingredientes en la proporción correcta. El exceso o defecto de uno de ellos, dos, o tres, genera enfermedades a largo plazo. Naturalmente, también juegan un papel importante el origen y la calidad de los alimentos.

Cuando a un recién nacido le falta la leche materna, el alimento óptimo para sus necesidades, los efectos de una composición y actividad bacterianas alteradas se hacen notables en su cuerpo. Normalmente, la leche de fórmula, por ejemplo, no contiene ni las bacterias ni los oligosacáridos lácteos humanos. Estos últimos no pueden ser reemplazados por oligosacáridos artificiales, a pesar de que pretenda hacerlo. Algunos fabricantes también intentan compensar su carencia mediante la adición de ciertas bacterias. En cualquier caso, existe una diferencia abismal entre las bacterias de origen natural y, por ejemplo, las bacterias genéticamente modificadas.

En el siglo XIX, la mortalidad infantil en alemana era más del 50% en el primer año de la vida y una de las principales razones fue la utilización mayoritaria de la leche infantil, en lugar de la leche materna. Hoy, la malnutrición temprana se manifiesta en trastornos posteriores del microbioma, ya sea durante la niñez o hasta la edad adulta. Sin embargo, la experiencia ha demostrado que las deficiencias nutricionales de los niños de biberón pueden remediarse, al menos parcialmente, mediante un tratamiento microbiano especifico. Las comadronas que poseen experiencia conocen muchos recursos para hacer posible la lactancia materna, incluso en situaciones difíciles.
Al pasar de la leche materna a la papilla, ha de tenerse en cuenta que estas también deben contener bacterias y fibra porque, de lo contrario, el niño probablemente padecerá flatulencias y cólicos. Por ejemplo, la verdura y las patatas contienen fibra, pero las papillas industriales generalmente no lo llevan.

EX Libris de doctora Anne Katharina Zschocke
Nuestras AMIGAS las Bacterias

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